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Katherine Anne Porter





Katherine Anne Porter nació el 15 de mayo de 1894. Murió el 20 de septiembre de 1980, a los ochenta y seis años de edad. Su educación formal fue muy escasa. Adquirió de manera autodidacta la mayor parte de sus conocimientos. Desde 1921 hasta 1927 vivió en Nueva York. Durante ese tiempo pasó también temporadas en Europa y en México, país que le interesó hasta el punto de prestarle atmósfera a varias narraciones e inspirarle un estudio sobre las artesanías. Por entonces, Katherine tradujo textos escritos originalmente en español y francés y trabajó como reportera en diversos periódicos. A partir de 1924, publicó cuentos magníficos en revistas literarias. Flowering Judes (1930) reúne seis de ellos. Poco después, una beca permitió a la escritora regresar a Europa “para escribir y viajar”, en una época en que los autores de la llamada Generación Perdida establecían esto como un aprendizaje indispensable. 
En 1934, publicó su primera novela corta, Hacienda, a la que siguieron Vino de mediodía y Pálido caballo, pálido jinete (1939). Dueña ya de un cierto prestigio, vivió durante muchos años en Santa Mónica, California. Impartió cátedra de literatura en la Universidad de Stanford y numerosas conferencias en la de Chicago. Nunca se apresuró a publicar, lo cual queda claramente expuesto en Los días anteriores (escrito en un lapso de tres décadas) donde reúne algunas de sus vivencias más trascendentes. Bahía peligrosa, Antigua condición mortal y La nave de los locos son otras de sus obras importantes que no pueden dejarse de citar.

Enemiga de los trucos publicitarios, la señora Porter nunca consiguió ser una de las novelistas más leídas de su patria. Ello no obstante, influyó en autores más jóvenes debido a un estilo objetivo, cuidadoso, capaz de atinar con las expresiones irremplazables. Esta entrevista se efectuó en el hotel Del Prado. Había permanecido inédita por razones que ahora me resulta difícil explicar. Bajita de estatura y hermosa en una vejez que no había causado demasiados destrozos, todavía recuerdo a Katherine tocada por sombrero verde de ala ancha que hacía juego con el color de sus ojos vivaces y con la enorme esmeralda de su sortija.


Fuente: http://www.materialdelectura.unam.mx

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